JESÚS ALONSO | lacronicavirtual.com

Opiniones — 06 agosto 2012

Se precipitan contra el afalto las palmeras de Alicante, si no hay coche o peatón mediante, por falta de poda mientras se nos caen las expectativas vitales por los excesos en el uso de la tijera fuera del ámbito de la jardinería y la silvicultura. A Don Juan Carlos se le inflaman las regias narices hasta hacerlas parecer más borbónicas que nunca tras desplomarse largo y tendido como la Bolsa después de sufrir otro tropezón durante su visita al Estado Mayor de la Defensa. Al mismo tiempo, a la plebe no deja de hinchársele su propio apendice nasal, tal que si fuera la Prima de Riesgo, por razones que sí vienen al caso, pero que de tanto repetirlas parecen una salmodia que les entra por un oído y les sale por el otro a los que tienen la obligación de hacer algún esfuerzo por dejarlas alojadas, siquiera en estado de latencia, a mitad de camino. O sea, en el cerebro.

Al PP de Benidorm se le vienen al suelo las aspiraciones de recuperar la Alcaldía una vez consumado el reparto de beneficios entre el socialista Agustín Navarro y la expopular Gema Amor, quienes finiquitaban esta semana un largo año de tiras y aflojas en el que los encuentros entre los pupilos del exalcalde Manuel Pérez Fenoll y los liberales de la expresidenta del Patronato de Turismo y exmulticonsellera parecían más un exabrupto que una negociación. La caída del telón tiene vigencia para lo que resta de legislatura, lo cual no significa que no pueda levantarse nuevamente en cualquier momento habida cuenta la larga tradición de torticería política que adorna la gestión municipal de la capital provincial del ocio desde que Eduardo Zaplana elevó el transfuguismo a la categoría de arte.

Se nos cae hasta la cara de vergüenza -ajena, eso sí- gracias a episodios como el protagonizado por el presidente de Les Corts, que a rebufo de los restrictivos y regresivos planteamientos del ministro Ruiz Gallardón en torno a la interrupción del embarazo ha provocado ampollas al reclamar a través de su blog que las encintas que deseen abortar visualicen una ecografía del fruto de su vientre antes de tomar una decisión siempre traumática. Cotino, a quien recordamos parapetado detrás de un crucifijo en su toma de posesión en el cargo, hace un llamamiento a la reflexión de las afectadas de forma cuando menos “sui generis” y cuando más, esperpéntica. En estos afanes inspirados por su militancia en la más rancia confesionalidad religiosa, el titular del Parlamento aborigen incurre en el pecado de insensibilidad y, por extensión, en una manifiesta incoherencia social. Si su intención es disuasoria, que lo es, Cotino tendría que ampliar la imposición tanto al Gobierno central como al Consell. Para que no se viera de qué pie cojea, Cotino debería haber desplegado todas sus dotes de seducción para convencer al presidente Rajoy y a su homólogo territorial Alberto Fabra de que se dieran una vuelta por las oficinas de empleo antes de recortar la prestación o de eliminar el subsidio a parados de larga duración que se han quedado sin ella.

Ambos mandatarios, solos o en compañía de otros como De Guindos, Montoro o Fátima Báñez, deberían haber sido animados por tan cristiano espíritu institucional para que, como paso previo a la práctica liquidación de la Ley de Dependencia, hubieran vivido unos días en un hogar con uno de sus moradores incapacitado física y/o mentalmente con el fin de tener constancia de primera mano de la dificultad no solo económica que entraña su atención. En resumidas cuentas, Cotino aún está en disposición de promover el descenso a los infiernos de quienes manejan con sonriente soltura la motosierra en sus cómodas atalayas para que se empapen de esa otra ecografía que refleja el estado anímico y económico del cuerpo social y se lo piensen antes de proseguir con las faenas de tala inmisericorde actualmente en curso.

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mastrodomenico

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