Asturias — 14 enero 2014

Oviedo, Pilar RUBIERA. Nadie podía imaginar, y mucho menos las mujeres, que casi treinta años después de la promulgación de la primera ley del aborto de la democracia, en el año 1985, conseguida tras años de lucha intensa y unitaria de las asociaciones y grupos feministas, se produciría una vuelta atrás. El proyecto de ley de reforma de la actual legislación sobre interrupción voluntaria del embarazo presentado por el gobierno del PP – la vigente ley, de 2010, permite a la mujer interrumpir su embarazo en las primeras 14 semanas-, amenaza un derecho del que las mujeres de la mayoría de los países democráticos europeos y occidentales, incluidas las españolas, disfrutan desde hace años.

De aprobarse el nuevo texto, apadrinado por el ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, contestado por casi toda la oposición parlamentaria y por destacados dirigentes populares, es probable que la mayoría de las españolas que decidan abortar deban viajar de nuevo a otros países, como ocurría en la década de los 70 y 80 del pasado siglo. El proyecto permite el aborto en dos supuestos: violación y “grave peligro para la vida o la salud física o psíquica” de la embarazada, pero estos requisitos deberán ser avalados por dos médicos especialistas. Además, la presencia de malformaciones fetales graves no será motivo de aborto, aunque sí el efecto psicológico que eso pueda tener en la gestante. “Una carrera de obstáculos, un disparate”, afirma Paloma Uría, profesora ya jubilada, exdiputada regional de IU e integrante de la Asociación Feminista de Asturias (AFA)

“¡Quién nos iba a decir a alguna de nosotras, abuelas ya, muy mayores, pero no retiradas de la vida y del compromiso social, que teníamos que volver a luchar por el mantenimiento de una ley, conseguida con perseverancia, esfuerzo, sentido común y social!”, indica Paz Fernández Felgueroso, militante del PSOE, exalcaldesa de Gijón y otra de las protagonistas de aquella batalla desde su despacho de abogada.

La AFA lideró en el Principado, en aquellos primeros años de democracia, la lucha por la igualdad de la mujer, en la que el derecho del aborto fue un asunto central. Lo hizo con el apoyo y el respaldo de muchas otras asociaciones y grupos políticos. Conviene recordar que, en 1975, el adulterio femenino estaba penalizado, no existía la ley de divorcio y, por supuesto, los anticonceptivos no estaban legalizados.

“La del aborto fue una lucha unitaria. Conseguimos la coordinación del movimiento feminista y de sectores progresistas a nivel estatal. Hicimos una campaña muy imaginativa, con encadenamientos, encierros, autoinculpaciones, llegamos a hacer y grabar un aborto de dos o tres semanas y lo proyectamos en el antiguo club cultural de Oviedo”, subraya.

La trastienda de un texto legislativo como el que anuncia el PP lo que refleja es “el desprecio del sistema hacia el cuerpo y la salud de las mujeres”, indica Teresa Meana, feminista entusiasta, peleona y con gran sentido del humor, hoy profesora de instituto en Valencia. “En esta ley se alían la beatería y la hipocresía, pero todo ello no creo que sume más de un 8% de la población española y no podemos permitir que desde ese porcentaje se nos imponga. Gallardón no sabe con quien se ha metido, las feministas somos tremendas y estamos muy bien organizadas. Esta ley le va a traer muchos problemas en su carrera política”, indica.

Hace 30 años, decidir abortar comportaba serios peligros. “Las que decidían hacerlo en Asturias, especialmente mujeres de las clases más desfavorecidas y con menor nivel cultural, se arriesgaban a un serio riesgo físico, de muerte o lesiones, y a la cárcel. Pocos médicos se atrevían a practicarlo. En Gijón, que yo recuerde, creo que sólo había uno, que era perseguido y denostado por ello”, relata Paz Fernández Felgueroso. Y añade: “Las mujeres que no podían viajar a Londres, abortaban en pésimas condiciones. Además, en la mayor parte de las farmacias se denegaba la venta de preservativos y fármacos que podían contribuir a abortar la concepción en los primeros días”.

“Lo que me pone los pelos de punta es pensar en la posibilidad de tener que volver a organizar viajes fuera de España, entonces iban a Londres y a Amsterdam. Teníamos todo un servicio de información, en colaboración con agencias de viajes, había vuelos charter desde Madrid, Bilbao y Barcelona llenos de mujeres que iban a abortar”, indica Paloma Uría.

María José Olay, gestora cultural, recuerda que en una ocasión, tras llevar en su coche a una mujer a realizar un aborto clandestino en Gijón, quien lo practicó le aconsejó: “Al salir, coge baches”. “Nunca dudé ni tuve problemas de conciencia. Ser mujer, antes y ahora, era ponerte de ese lado. Las de recursos no tenían problemas, podían abortar en clínicas privadas aquí a manos de médicos que se declaraban contrarios a esa práctica, pero lo doloroso era aquellas, jóvenes y casadas con varios hijos cuyas circunstancias no les permitían hacer frente a un embarazo. Ayudamos a muchísimas con nuestro propio dinero, con decisión, luchábamos por nuestra libertad. Y las mujeres del PP no debían olvidar que ellas también abortaban, aunque entonces eran de AP”, señala.

“Era un drama que todas vivimos y hemos visto pasar. La ley del 85 no nos gustó pero permitía el aborto en tres supuestos, aunque era una puerta falsa porque no reconocía la capacidad de decisión de la mujer sobre su maternidad. La última ley, de 2010, todavía era corta, porque seguía sin reconocer la libertad plena de la mujer, pero la ocurrencia de Gallardón de volver a decirnos que no tenemos ninguna capacidad de decisión sobre nuestro cuerpo es una vergüenza y demuestra cortedad de miras”, apunta Gloria García Nieto, profesora y miembro del colectivo Escuela No Sexista.

“Se nos dice que protege el derecho a la vida del nasciturus, pero no indica que una ley de estas características no va a reducir los abortos y matará a más mujeres. La actual no obliga a abortar, evita que una mujer a la hora de decidir arriesgue su salud y su vida”, añade.

Catalina Vega Villa, orientadora educativa y una de las feministas más jóvenes de aquel grupo asturiano, asegura que “la contrarreforma de Gallardón le genera mucha perplejidad y desconcierto”. “Pensar que las mujeres de cualquier edad no podrán decidir sobre un aspecto que va a ser vital en su vida, significa que se aparca de lleno el feminismo y la noción de igualdad, y va en contra de la filosofía social latente, que se inculca desde la educación, de que los individuos deben tener el control sobre su vida. Tengo la impresión de que muchas jóvenes no son conscientes de lo que se les viene encima si se aprueba”.

Asociaciones de mujeres asturianas iniciarán el próximo 1 de febrero la batalla contra este proyecto. Un “tren de la libertad” saldrá de Gijón. Destino: sede de la Presidencia del Gobierno y Congreso.

Destacadas feministas asturianas, la mayoría integrantes de la AFA y otras de asociaciones o formaciones políticas, protagonizaron a finales de los 70 y principios de la década de los 80 del pasado siglo, la lucha unitaria y estatal por el derecho al aborto, que condujo a la ley de 1985. Seis de ellas recuerdan en LA NUEVA ESPAÑA cómo eran aquellos años en que las mujeres o abortaban fuera o arriesgaban vida y salud. La “ley Gallardón” podría retroceder a esos tiempos.

Fuente: LNE.es

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KamelKo

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