Opiniones — 13 enero 2014

Acabamos de pasar unas Navidades que no parecen haber sido muy plácidas para el PP entre tantas declaraciones y discursos de presidentes autonómicos con posiciones encontradas. Sí, posiciones encontradas que chocan, que no coinciden en el «seno popular» en torno a una ley que, precisamente, nace del mismo, la Ley del Aborto. Y ésta, paradójicamente, es la única promesa electoral que, de aprobarse, cumplirá el Gobierno de Rajoy. De ocurrir así –y todo indica, lamentablemente, que así será– una sociedad al completo viajará en el tiempo siglos atrás y nos devolverá a nosotras las mujeres al lugar del cual, para la mayoría de los hombres del PP, no debimos nunca salir: La minoría de edad. Una minoría de edad permanente que nos debe mantener sujetas a unas leyes y normas que nos convierten en seres incapaces para hacer uso de nuestras libertades y nuestros derechos.

No crean que exagero. Es posible que piensen que, como mucho, esta pretendida nueva ley nos va a devolver a la ley de supuestos de 1985. Pero no comentan ese error. Este anteproyecto de ley, también de supuestos, es más restrictivo. Estamos ante una ley ultraconservadora e imbuida de una ferviente fe católica que trata de otorgar a la Iglesia el control sobre algo que parecía haber perdido: La maternidad. Pues lo que pretende el ministro Gallardón –y alguno más–, así como el séquito de cardenales, obispos y curas que lo jalean, no es evitar los abortos porque sí, sino volver a tener el control sobre nuestra forma de vivir la maternidad.

Como ya he dicho, regresamos algunos siglos atrás. Si me lo permiten, podemos hacer la prueba. Volvamos al siglo XIX, por ejemplo. ¿Por qué? Pues porque si indagamos un poco en este siglo, descubriremos la existencia de unas instituciones «benéficas», (a cargo de la Iglesia Católica, por supuesto), llamadas «Casas de Maternidad y Expósitos». El nombre dice mucho ¿verdad? Si me permiten les sigo contando. Dichas instituciones solían ser provinciales. Alicante, por supuesto, contaba con una «Casa Provincial de Maternidad y Expósitos» en el siglo XIX. Con el paso del tiempo y el desarrollo de los acontecimientos de nuestra historia, dicha institución acabó convirtiéndose en el «Hogar Provincial José Antonio», qué cosas?

Ésta era una de las instituciones que la Iglesia utilizaba para adoctrinar a las mujeres en cómo ser madres? «Buenas madres católicas», por supuesto. Obviando el hecho de que las mujeres que acudían a estos centros benéficos lo hacían obligadas por la situación extrema que vivían (y que a nadie le importaba, dicho sea de paso), lo que las forzaba a dejar allí a sus hijos, generalmente recién nacidos, era que no podían hacerse cargo de ellos. ¿Se imaginan cómo debe ser la situación por la que atraviesan estas madres para llegar a plantearse la posibilidad de dejar a su bebé en una institución como ésta? Es muy duro, sin duda. Y ahora, ¿se imaginan cómo debe ser la situación por la que atraviesan algunas madres para llegar a plantearse la posibilidad de interrumpir su embarazo? También es duro. Pero, también, sin duda, las consecuencias sociales y personales no son, ni de lejos, las mismas. En ocasiones, las madres volvían a estas instituciones para recuperar a sus vástagos. Casi nunca la recuperación era posible. La mayoría de las veces los bebés no sobrevivían, otras los habían dado en adopción y otras habían sido ¡extraviados! Al final, ayer como hoy, las mujeres acabamos siendo apartadas de cualquier posibilidad de ser madres que no sea la de serlo «como Dios manda».

Y qué les digo de los hijos e hijas, pues que tampoco pintan mucho, la verdad. Al respecto, algunos me dirán que este anteproyecto de ley de supuestos del aborto viene a proteger la vida de éstos. Como dijo la alcaldesa de Madrid con aquello de que «no hay nada más progresista que defender la vida». Pues sí, así es. En efecto no hay nada más progresista e importante que defender, proteger y apostar por los derechos y las libertades individuales de las personas, puesto que es lo que nos proporciona una vida digna. Así pues, garantizando el derecho y la libertad de las mujeres a decidir cómo y cuándo ser madres, estaremos garantizando el derecho de las mujeres a vivir una maternidad plena que, a su vez, dará las posibilidades de una vida digna para sus hijos e hijas.

Para ello, no sólo será necesario dejar tal como está la actual ley de plazos del aborto, sino que también necesitaremos recuperar nuestros derechos. Derecho a sanidad y educación universales, públicas y de calidad, derecho a una ley de ayuda a la dependencia, a una reproducción sexual asistida para todas las mujeres que deseen ser madres y no pueden serlo (independientemente de cuál sea el motivo que se lo impide), a ayudas sociales por hijo o hija a las familias. En definitiva, derechos con los que poder desarrollar, con dignidad, nuestros proyectos de vida y de los cuales el ministro de Justicia no quiere ocuparse, porque está muy afanado en idear la forma de criminalizar a las mujeres.

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mastrodomenico

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