BELÉN MARTÍNEZ ANALISTA SOCIAL | GARA.net

Opiniones — 25 marzo 2012

El ministro de Justicia español propone una reforma de la ley del aborto dirigida «a aumentar la protección del derecho por excelencia de la mujer: el de la maternidad». Y no vacila al vincular «derecho y dignidad de la mujer» con «uno de sus valores fundamentales, que es el derecho a la maternidad». Ruiz Gallardón culmina su gesta dialéctica con una alusión a la «violencia de género estructural contra la mujer por el mero hecho del embarazo». Solo le restaba gritar aquello de ¡Santiago y cierra España!

La historia de la emancipación de las mujeres es la historia de un combate sin tregua contra el oscurantismo y la misoginia. La derecha carpetovetónica recupera el discurso violento sobre la interrupción voluntaria del embarazo, como algo contra natura, basado en la reprobación y la culpabilización social. Sin embargo, el aborto es un producto del sistema de género heteronormativo, una consecuencia de la asignación principal de la maternidad a las mujeres. Conviene recordar que es ese sistema el que produce abortos y, a la vez, los condena. El derecho al aborto libre (y gratuito) y a la maternidad libremente escogida supone una transgresión del determinismo biológico y de una identidad femenina basada en la maternidad. Hemos logrado que se disocien sexualidad, placer y reproducción; que se acepte una sexualidad no conyugal y que se admita una sexualidad al margen de la heterosexualidad obligatoria. Que no nos lo arrebaten.

Como ya nos previno Virginia Woolf: «La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es quizá más interesante que la historia misma de esa emancipación».

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mastrodomenico

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