Opiniones — 14 enero 2014

Fuente Blog Ellas @ElMundo.es

La Ley Gallardón contra el aborto está teniendo un eco impresionante entre las mujeres y los hombres que se atreven a mirar de frente la realidad y que se niegan a aceptar  que a las mujeres haya que decirles lo que está bien y lo que está mal, porque ya lo saben cómo adultas que son, y porque sólo la mujer, cada una de ellas en particular es la propietaria absoluta y única de su cuerpo que de nadie depende, ni del marido, ni del amante, ni del ministro de turno ni siquiera del presidente del Gobierno por muy aficionado sea a controlar multitudes protestatarias y mujeres ultrajadas.

Leo en los medios y sobre todo en las revistas on line la cantidad de opiniones y de actos que se organizan para protestar contra esta ley que ha concitado, además, la protesta de muchos miembros del Partido Popular, lo que nos hace mantener aún un hilo de esperanza: no todos parecen ser iguales, nos decimos.

Quiero dar voz ahora a una de estas asociaciones, la Tertulia Feminista Las Comadres, de Gijón muy activas bajo el lema “Desde el feminismo ni un paso atrás”. Se reunieron a finales del 2013 en Pola de Laviana, junto con las Mujeres por la Igualdad de Barredos, ambas del Concejo de Laviana en Asturias, y tras debatir entre otras cosas la reforma de la ley del aborto del señor Rajoy y del ministro Gallardón, consideraron que constituía un ataque injustificable a la libertad de decidir de las mujeres.

Pero no se detuvieron en la crítica ni se volvieron a casa contentas por haber dado testimonio de su desacuerdo, sino que acordaron invitar a la sociedad asturiana a sumarse a las acciones que organizan los distintos grupos, asociaciones y colectivos de mujeres para conseguir la retirada de ese Anteproyecto de Ley.

Y decidieron además organizar un tren de la libertad, que el  31 de enero a las dos del mediodía partirá de Asturias a Valladolid donde celebrarán un encuentro con más mujeres feministas y al día siguiente, primero de febrero, partirán hacia Madrid para presentar en el Registro del Congreso un escrito exigiendo que se mantenga vigente la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo. Toda la información se da esta página web en la que se invita a las mujeres feministas y a todos y todas las partidarias de la libertad mental y física de las mujeres, a sumarse al viaje.

Es un ejemplo nada más. España entera se ha levantado contra esta intromisión a la libertad de la mujer y a su capacidad de decidir sobre lo que le atañe exclusivamente a ella, y es reconfortante ver como en todas las ciudades y los pueblos se organizan foros de debate y movilizaciones con el mismo fin. No es la fuerza de mi mente o de mi esfuerzo lo que vencerá, parecen decir todas y todos los que se van sumando a la manifestación de este desacuerdo, sino lo que podamos hacer juntos. Y así es.

Porque aunque logren promulgar la ley que, vista la ceguera que demuestra el partido del Gobierno en esta cuestión, es más que posible que así sea, ello no significa que la guerra esté ganada, ya que tanto movimiento de repulsión de un colectivo como el de la mujer manifestándose en contra, no cae en saco roto, no se pierde, y sus efectos y consecuencias pueden durar mucho más que una legislatura: todo gira como la tierra en torno al sol y lo que es hoy noche mañana será día de tal modo que en algún momento volverá a gobernarnos alguien que respete el sentir de la población y sea consciente de lo poco racional que es para un gobierno legislar en contra de los derechos y el sentir mayoritario de las mujeres.

Aunque hoy luchemos contra una pared que ni nos oye ni nos ve ni nos habla por mucho que nos expliquemos y que gritemos, nuestras reivindicaciones, nuestra esperanza, están en la convicción de que nada se pierde, nada es inútil, todo lo que se mueve y fluye se prolonga en el tiempo hasta que encuentra su cauce.

Esto deberían saber los represores, los que sólo luchan en favor de sí mismos y aquellos que creen que gobernar no es trabajar por el bien de los ciudadanos sino imponerle sus propias creencias, por contrarias que sean a sus derechos.

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