Nacional Opiniones — 17 marzo 2014

Ana Alfageme; Madrid, 11 marzo 2014

· Ana F. tiene cinco hijos. Ha abortado dos veces con la ley de supuestos de 1985.

· GRÁFICO La conquista del derecho al aborto en el mundo

 

-Sueño con ver a mis hijos hacerse mayores para sentarme en una mesa y mirarles. Son lo más grande.

Ana F. tiene 36 años, ha trabajado en varias cosas, entre ellas, de administrativa, aunque ahora está dedicada a los hijos. Ha sido madre cinco veces. Una rareza estadística en una cara maquillada y serena, con gafas de pasta, que solo se crispa cuando le citas al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón y al proyecto del PP de revocar la actual ley de plazos del aborto.

-Este señor está decidiendo por mí sin conocerme. Debería sentarse a hablar con sus hijas, a ver qué le dicen. Si él quisiera hacer un viaje vamos a coger y a decidir entre todas a dónde puede irse, ¿le parecería bien? Las personas que deciden por las demás no están bien de la cabeza.

A los 16 años Ana vivía en Toledo y se quedó embarazada. “Se trataba de, o tener un niño a mi edad o poder seguir adelante, estudiar, vivir. Hablé con mi madre y me dijo: ‘¿Es tu decisión?’ Yo lo tenía muy claro”.

Era 1994, casi una década después de la aprobación de la primera ley del aborto, en 1985, la llamada ley de supuestos. Ana fue a un centro de planificación familiar de la ciudad. “Me dijeron, ¿eres menor de edad? Pues no puedes abortar. No sé por qué lo llaman centro de planificación familiar”. Así que recurrió a una clínica de Madrid y allí se presentó con su madre.

Al llegar de Toledo, análisis de sangre y cita con el psiquiatra. En la ley de 1985, abortar era ilegal salvo en tres supuestos: violación, severas malformaciones del feto y grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la mujer. “El psiquiatra me dijo que era una decisión que tomaba yo. ‘Si tú tienes claro que no lo quieres tener’… Dije que adelante. Estaba muy segura de lo que iba a hacer”.

Ana rechazó la anestesia general: “Hay que vivirlo todo. No sé, pensé que podía mirar a la gente alrededor”. Se saltó el prescriptivo reposo posterior en favor de un zumo de naranja, un cruasán de jamón de York y queso y un vaso de leche. ¿Por qué tiene unos recuerdos tan vívidos? “No sé, quizá es que fue la primera vez que decidía algo por mí misma, era venir a Madrid desde un sitio pequeño…”

Años más tarde, cuando comenzaba a salir con su marido actual, y pese a tomar anticonceptivos, un fallo provocó un nuevo embarazo. Tenía 24 años y hablaron ambos sobre si debían de tener el niño. Decidieron no tenerlo. Ana repitió el procedimiento, pero esta vez sí que se sometió a anestesia general. Después han llegado cinco hijos, el mayor de 12 años. El quinto, una niña, tiene cuatro meses. “Y se acabó porque lo digo yo, no porque lo diga el señor Gallardón. Y, ¿qué se cree? ¿Qué no vamos a abortar? Cuando una mujer no quiere tener un hijo lo va a solucionar. Bastante tenemos las mujeres con las violaciones”.

Para un momento y prosigue. “Pero no tengo por qué hacerme una ligadura de trompas, que también falla. Yo decido hasta cuándo y cuántos hijos. ¿Va a venir el señor Gallardón a pagarme las facturas?”

Cuando Gallardón compareció en la tele para explicar en qué iba a consistir la ley del aborto más restrictiva de la democracia, el teléfono de Ana comenzó a bufar. Sus amigas reaccionaban con mensajes, con burla y enfado.

Todo esto hace que una mujer aparentemente tranquila para la que tiene liada en casa se enerve. Le gustaría sentarse frente al ministro e invitarle, “con todos los gastos pagados, claro”, ironiza, a que se quedase una semana en su casa, con sus cinco hijos.

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